De chica siempre sentí curiosidad por saber cómo se hacían esos manjares dulces que me daban un gran placer comerlos. Desde las tortas de Bambi (en la calle Uruguay y Arenales), las dulzuras de Orientación para la Joven (frente a la plaza Vicente López) hasta los merengues con crema o dulce de leche de la panadería de la esquina de casa.

Empezamos como un juego de niñas con mi amiga Mercedes Vidal Raffo. Recuerdo que ella me invitaba después del almuerzo a cocinar y preparábamos delicias para la hora del té. Hacíamos  brownies, flan de coco, alfajorcitos y profiteroles rellenos de dulce de leche y bañados con chocolate del recetario de su abuela Abeba, y lo más esperado La Torta de Nuez, una receta bien guardada de mi tía Raquel. La terminábamos como ella solía hacerlo, con dulce de leche y crema batida bien fresca. La hora del té de los sábados era un momento de reunión familiar e imperdible para las amigas del colegio.

De joven comencé a trabajar como secretaria del Director de banquetes del Hotel Sheraton, y por esas casualidades entré en la cocina y pude ver la adrenalina que se vivía ahí… ¡Me apasionó! Comencé la carrera de chef en la escuela Maussi Sebess, y después vinieron los perfeccionamientos con Dolly Irigoyen, Pablo Massey y Beatriz Chomnalez.

A partir del 2008 comencé a realizar pasantías y perfeccionamientos en París y ahí me enamoré de esa ciudad tan maravillosa y de sus dulzuras. ¿Quién no? Y podría afirmar que no hay país que supere a Francia en su pastelería. Por algo en el año 2010, la gastronomía Francesa fue declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

En una de mis formaciones, en la escuela de Alain Ducasse, conocí a su pastelero Franck Jeuffroy y, realizando una dacquoise ¡me di cuenta que era la base de la torta que preparaba mi tía Raquel! Ella había sabido adaptarla cambiando las almendras por las nueces y terminarla con ese toque Argentino que es el dulce de leche.

Hablando con él, le comenté del éxito de ésta torta en Buenos Aires y sobre todo entre los adolescentes. Le dije que la terminábamos con dulce de leche y crema fresca, y él exclámó “¡¡Ahhh!! Confiture au lait!”, un dulce muy famoso argentino.

En ese momento comencé a pensar cómo hacer de ésta torta algo simple para que cualquiera pueda prepararla en casa, ya que la cocina tradicional francesa suele ser bastante compleja para los tiempos de hoy.

Esto siempre fue una práctica habitual en mí. Mi reto es adaptar la complejidad de ésta cocina maravillosa a nuestra realidad, con nuestros productos, sin perder sus sabores y calidad, y que luego difundo enseñando a mis queridas alumnas. Esto lo supo hacer muy bien Julia Child, quien adaptó la cocina francesa a las necesidades de los Americanos.

Fue gracias a los consejos de mis profesores y compañeros del la Escuela Francesa de gastronomía Gregoire Ferrandi, que me alentaron y me enseñaron que la actitud en la cocina era fundamental, sobre todo para una mujer. Es por eso que comencé la larga tarea de crear esta mezcla comenzando con materia prima de origen francés, y luego adaptándola con nuestros productos. ¡El éxito fue rotundo!